



En las alturas, entre roques de basalto y riscos de vértigo, los antiguos pobladores de la Canaria, dejaron sus huellas en un yacimiento enigmático y mágico.
Los canarios (nombre prehispánico de los habitantes de Gran Canaria que, luego, se extendió a los de todas las islas) basaban su economía en la agricultura intensiva de cereales y, en menor medida, de regadío.
Los expertos nos hablan de una religión donde el culto a los cuerpos celeste, principalmente el sol y la luna, eran parte fundamental del ideario del canario. En este contexto hay que explicar, según la mayor parte de los estudiosos, el llamado Almogarén del Bentayga, una estructura excavada en la roca volcánica que, para muchos, no es más que un calendario para controlar el paso de las estaciones y, en consecuencia, marcar el comienzo de las labores agrícolas.
Jose Jimenez Almeida